martes, 22 de diciembre de 2009

MÚSICA





Ahora vivo en silencio. Rocking and rolling. Antes no. Cuando estudiaba en el conservatorio no. Era pequeña: petite poupée me llamaba él, con su sonrisa, con su doble vida, con los vinilos de Brassens. Mis dedos eran pequeños para las teclas y para Mozart. Mis dedos pequeños que se unían por las yemas como dos láminas de cristal bajo un microscopio, y aplastaban la gota de su semen desperdiciado y salado. Y se movían, las yemas, y cuando me lavaba las manos se quedaban ásperas. El semen, si se lava, es áspero. No había ni un momento de calma: primero era rock and roll. Primero eran mis bragas de Piolín o de Panda en mi empeine, la otra pierna levantada, un pie descalzo y otro calzado. Recuerdo eso. Las partituras con las ediciones urtex en la cama: Bach, Haydn; y mis bragas en el empeine. Recuerdo menos su lengua moviéndose vagamente entre mis piernas. Quizás porque luego venía la prisa, el semen áspero, las miradas al reloj, el ambientador para que se fuera el olor a sexo. Las referencias a ella, esa pobre ilusa.
Pensaba que nadie se iba a enterar del simulacro.
Pensaba que la música o el olor se podían esconder como las mentiras.
No, no es pudor.
Quiero ir dejando el dolor atrás.
Quiero cambiar de piel.
Bajar la guardia.
Masturbarme para que me mires.

4 comentarios:

  1. La agonía, soberbia, es la de tu texto-sexo-plexo-solar. Sí, sí. Bajar la guardia es en este caso reivindicar la propia soberanía, para que la miren como a un cuadro (vivo), pintado en directo para hacer temblar.

    La mortalidad excesiva es la única eternidad posible.

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  2. Perdí la conciencia en unos segundos que no supe contarlos.
    Al abrir los ojos, leí la literatura de tus palabras. Las mismas que ahora recorren, minuciosamente, cada coincidencia en la conciencia de esos segundos como una pequeña muerte, como música que despierta mi sexo.

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  3. Venía desearte experiencias, para que las cuentes. Pero he pensado que es mejor desearte deseo. Es lo imprescindible para escribir.

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  4. El olor a sexo es de un áspero agradable. Pero no el tacto. Sentir la suavidad infinita en los pliegues de los labios, el rubor en las mejillas, el calor que desprenden los cuerpos, la dureza imposible de los pezones entre tus dientes. Sentir, al fin y al cabo, cómo sucede
    la petite morte entre mis brazos.

    Creo que he encontrado una de tus braguitas. Me la guardo.
    Soy demasiado mortal como para dejar pasar la oportunidad de escribirte.
    Me gusta lo que haces.

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"La mort, la petite mort, trop douce, trop mortel pour être vraie"
Denisse Montforte
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