domingo, 24 de enero de 2010

ESPEJO






Me miras.
Me miras y de fondo está la cama deshecha. Y él, velado entre sábanas arrugadas, sueña. Supongo. Recuerda.
Miras cómo me pinto los labios.
Sólo eso llevo encima de la piel.
Mi querida simétrica, me miras. Miras cómo el simétrico de él se mueve en la simétrica cama que esconde movimientos secretos que ya no se ven.
Queda el olor en el ambiente. La ropa interior casual a orillas de la cama. La ropa arbitraria y obscena tal y como se detuvo el mundo antes de la danza.
Borro mis labios y se esparce el rojo por mi piel. Y se mancha un pañuelo.
Mi querida simétrica, me miras.
Me miras con la pupila dilatada, me miras con los labios vaginales palpitando al compás de los latidos. Es un cosquilleo que me recuerda al movimiento que queda en el cuerpo cuando me he pasado horas dentro del mar, sin salir.
Un cosquilleo que me palpita en el sexo después de la danza.

2 comentarios:

  1. Que hermoso texto, Media Verónica. Hay hallazgos en torno a los espejos. Me encanta "mi querida simétrica". Pero me encanta también "cuando me he pasado horas dentro del mar, sin salir". Un a imagen que provoca escalofríos.
    Y por supuesto, el parrafito final es eléctrico. Un beso

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  2. Flechao he ido a ver el vídeo, antes de que quiten el acceso.

    Pero, ¿sabes? Una vez visto es accesorio. Hay aquí tres climas impagables. El primero cuando se pinta los labios, tan innecesariamente (o necesariamente, porque lo hace para ella). El segundo, cuando la violencia despinta los labios. El tercero, el coño que palpita innecesariamente, salvo para la necesidad del que lee.

    Felicitaciones, MV.

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"La mort, la petite mort, trop douce, trop mortel pour être vraie"
Denisse Montforte
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